Los tiempos del TLCAN

Por Fernando Lopez Macari

Uno de los temas dominantes en la relación México-Estados Unidos es la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), donde también participa Canadá.

¿Qué le depara el futuro a esta renegociación? No es fácil adivinarlo pues la redefinición del documento ha sorteado una ruta de altibajos. Como van las cosas, es posible que tengamos una nueva versión hasta 2019. Los intereses y tiempos políticos de los estadounidenses, así como los de nuestro país, dificultan la posibilidad de un arreglo en el corto plazo.

Hace poco, el gobierno de Donald Trump incumplió un plazo informal fijado por Paul Ryan, líder de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, para enviar al Congreso un nuevo Tratado a fin de ser votado este 2018, año de elecciones intermedias en la Unión Americana. Para Trump, México es causante de muchas de las supuestas desgracias de su país, al que pretende hacer “de nuevo más grande”. Uno de sus villanos es precisamente el TLCAN, al que considera uno de los “peores acuerdos” comerciales firmados por Washington.

Todo indica que los tiempos de implementación de una versión 2.0 del TLCAN nos llevarían hasta enero de 2019, si consideramos 30 días para la aprobación, más 90 días para su revisión por el Congreso estadounidense, a lo que habría que añadir los tiempos legislativos y legales de nuestro país.

Aunado a ello, tenemos la contienda electoral por la presidencia de la República. Como hemos visto, en las campañas políticas de nuestros candidatos se dirimen visiones de país divergentes. Por tal razón, hay gran expectativa por saber qué pasará con el Tratado una vez que se instale el nuevo gobierno a partir del 1 de diciembre próximo. La volatilidad del peso es otra de las consecuencias de este ambiente de incertidumbre.

En el IMEF pensamos que no sería extraño que Estados Unidos, Canadá y México llegaran a un pre-acuerdo y que se estuvieran dando las formalidades a lo largo de los próximos meses, a fin de mandar una señal positiva para nuestro país y los vecinos del norte, lo cual disminuiría la incertidumbre.

Cabe hacer notar que existen dudas entre los inversionistas sobre los cambios que podría haber no sólo en política económica, sino también en materia social y monetaria. Los capitales necesitan conocer estas variables para incorporarlas en sus modelos de negocios y decidir si expanden sus inversiones, si las mantienen o las retiran.

Por lo pronto, las inversiones se han postergado. Las grandes empresas están corriendo modelos financieros para evaluar distintos escenarios. Estos modelos ya están muy pulidos y tienen un plan para cualquier situación.

Por todo ello, hay que tener mucho cuidado para evitar un acuerdo apresurado. Debe garantizarse el beneficio a largo plazo para los tres países participantes. Lo más importante es, sin apresurarse, privilegiar más la calidad del acuerdo que los tiempos para concluirlo.

En tanto no haya un nuevo Tratado, el actual sigue vigente, lo cual sin lugar a dudas es benéfico para nuestro país. Cabe recordar que el TLCAN ha sido desde hace más de dos décadas, el motor de exportaciones e importaciones de nuestra economía. Tan sólo en 2017, el intercambio bilateral sumó 557 mil millones de dólares, lo cual representa el mayor saldo favorable en 25 años. En el primer trimestre de 2018 nuestro superávit llegó a 8 mil 053 millones de dólares, otro récord nacional.

Bajo este contexto, en el IMEF consideramos que el proceso de la renegociación del TLCAN evidencia no sólo la permanente y fuerte correlación de la economía mexicana con la estadounidense, también la imperiosa necesidad de diversificar nuestros mercados, porque hoy en día, mientras Estados Unidos siga viviendo ciclos de expansión económica como el actual (que lleva ocho años, cuando antes no pasaba de cinco años), México crecerá de manera inercial, pero ¿qué pasaría si dejamos de estar bajo el amparo del TLCAN? Sin duda alguna, un tema para reflexionar y actuar.

El FInanciero

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