Vuelo turbulento

Pese a que varias encuestas anticipaban el triunfo de la opción Texcoco, sorpresa y estupor fueron las reacciones luego de la consulta de fines de octubre para decidir el futuro del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM); si se continuaba la construcción o bien, se optaba por la habilitación de la base militar de Santa Lucía, el actual aeropuerto y el de Toluca.

El Presidente Electo informó que la “decisión racional, democrática” de los ciudadanos por desechar el NAIM ahorraría 100 mil millones de pesos y que su gobierno no iba a “estar al servicio de una minoría”. Concluyó señalando que la decisión (más política que técnica) la tomó el pueblo.

La incertidumbre generada en los mercados financieros derivó en nerviosismo.

Las calificadoras Fitch Ratings y HR Ratings cambiaron la perspectiva de la deuda soberana del país de “estable” a “negativa” y Moody’s mantuvo sin cambio su perspectiva y advirtió que la decisión mandaba una señal de “incertidumbre”.

No es fácil asimilar una noticia de esta magnitud. Cancelar la obra de infraestructura más importante del país va a representar un costo de casi 110 mil millones de pesos, estimación que contempla lo ya invertido, lo ya cimentado y el avance de la obra (30%). En su momento, en el IMEF sostuvimos que la consulta era un instrumento para evaluar la continuidad del proyecto de Texcoco, pero no tendría que haber sido el único.

De acuerdo con las mejores prácticas de administración financiera, la evaluación de proyectos contempla aspectos técnicos, económicos, sociales y legales, entre otros. Lo anterior adquiere mayor relevancia ante el hecho de que todavía no existe un proyecto acabado para el uso de la base de Santa Lucía, misma que cuenta con el rechazo de los propios pobladores de la zona.

A juicio del IMEF, es preocupante la cancelación del nuevo aeropuerto. La señal enviada a los inversionistas es, en efecto, de incertidumbre. Sin lugar a dudas, los mercados financieros no mandan al Estado. Se trata de la suma de inversionistas, personas e instituciones, que buscan maximizar sus rendimientos en un ambiente de confianza y certidumbre. México compite con otras naciones por atraer capitales y para ello necesita generar confianza, sobre todo en momentos coyunturales, como la llegada de un nuevo gobierno a Brasil, con una visión de apertura a las inversiones, razón de peso que puede restar atractivo a nuestro país.

Como era de esperarse, los inversionistas están atentos a otras decisiones de la administración entrante. Si perciben incertidumbre reaccionarán de forma negativa provocando volatilidad y altas tasas de interés. Lo que quieren es rendimientos en un ambiente de confianza.

El nuevo gobierno contuvo la crisis, creando un grupo de contacto de alto nivel con los empresarios y reuniéndose con los contratistas del NAIM a fin de ofrecerles participación en los proyectos y, según parece, dándoles garantías sobre el cumplimiento de las cláusulas de terminación anticipada de sus contratos.

Por ahora, se evitó una escalada de conflictos entre el gobierno y el sector privado. Una vez remontada la turbulencia, que llevó a pérdidas de hasta 4.21% del peso respecto al dólar y una caída de la BMV de poco más de 4%, los mercados se tranquilizaron. La Bolsa subió entre el 30 de octubre y el 6 de noviembre 6.4% y el alza del dólar retrocedió para llegar a 3.7% ese día.

Sobre el futuro inmediato de la economía, coincidimos con lo señalado por Enrique Quintana en estas páginas, “en buena medida el comportamiento de los siguientes meses dependerá de lo que suceda con las señales relativas al Paquete Económico, al Presupuesto… y a Pemex”. A estos factores, podemos sumar el impacto que tendrán factores externos como el resultado de las recientes elecciones en Estados Unidos.

El margen de maniobra no es, pues, muy amplio, y se espera vuelo con turbulencia. Como siempre, el IMEF estará atento y ofreciendo propuestas integrales para un trayecto seguro por los aires de la economía.

El Financiero

NAICM: Se puede delegar la decisión, mas no la responsabilidad

Medios informativos y redes sociales son escenario del debate sobre las opciones aeroportuarias para la ciudad de México. Circulan análisis que examinan los escenarios sobre el resultado de la consulta sobre el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM), que tendrá lugar del 25 al 28 de octubre.

Algunos ciudadanos de todo el país podrán votar si se continúa con las obras del NAICM o, bien, si se consideran opciones alternas como la base militar de Santa Lucía y el aeropuerto de Toluca, más la actual terminal aérea capitalina.

La comunidad financiera espera que triunfe el sí a la magna obra de infraestructura del actual gobierno, aunque no descarta un escenario negativo. También destaca que los activos y valores mexicanos se han comercializado favorablemente desde las elecciones, con optimismo creciente tras la anunciada continuidad de las políticas económicas para el nuevo sexenio.

El IMEF ha insistido en que la consulta podría ser un instrumento para evaluar la continuidad del proyecto, pero no debe ser el único. Como indican las mejores prácticas de administración financiera, las evaluaciones de proyectos deben considerar los aspectos técnicos, económicos, sociales y legales, entre otros.

De ser vinculante, el resultado de la consulta tendrá implicaciones para la perspectiva de la inversión en México bajo el gobierno entrante: Podría haber “desencanto” en los mercados, el país puede perder credibilidad y con ello oportunidades de inversión y fuentes de financiamiento. Además, desechar el nuevo aeropuerto provocaría gastos fiscales evitables y añadirá incertidumbre sobre la continuidad de las políticas económicas.

Hasta donde se sabe, una razón para oponerse a la nueva obra son los altos costos percibidos, no obstante que éstos podrían elevarse si se retrasa el proyecto.

El costo inicial fue fijado en 13 mil 400 millones de dólares, de los cuales 66% ya cuentan con una fuente directa de fondeo y financiamiento, la mayor parte proveniente del Fideicomiso del Aeropuerto de la Ciudad de México (MEXCAT), que suma 6 mil millones de dólares, seguidos por acciones del FIBRA E, con mil 600 millones de dólares. Contra lo que algunos argumentan, el gobierno mexicano ha aportado solo mil 250 millones de dólares, es decir, menos de 10% del costo total estimado del proyecto.

El remanente por financiar es de cerca de 4 mil 500 millones de dólares. Por ahora, hay suficiente liquidez para cubrir los costos del NAICM hasta 2020, además de que existen fuentes adicionales de financiamiento que aportarían 5 mil 800 millones adicionales (28% extra a lo que se espera requerir). Asimismo, y bajo el escenario de que hubiese sobrecostos y retrasos, el gobierno no tendría que pagar nada por adelantado y, debido a las estructuras contractuales con los constructores y contratistas, podría capitalizar un porcentaje de los gastos ejercidos.

Con un avance de obra superior a 30% (que en noviembre llegaría a 40%), de cancelarse las obras en marcha, los costos rondarían 6 mil millones de dólares, es decir, cerca de 110 mil millones de pesos, sumando penalizaciones y costos no recuperables.

Las reacciones de los mercados han sido la depreciación del peso ante el dólar en los últimos días y, en el caso de la tasa de rendimiento de bonos del NAICM con vencimiento a 30 años, un aumento de 30 puntos base en menos de 10 días.

El presidente electo decidió consultar a la población sobre si continúa o no el proyecto del NAICM. Respetamos la medida; no obstante, como parte de la sociedad y como especialistas en temas económico-financieros, ofrecemos nuestra opinión y expresamos preocupación por la eventual cancelación del proyecto.

Puede delegarse la decisión, pero la responsabilidad no. Ese es el mayor de los encargos que los ciudadanos hacen a sus líderes, la responsabilidad de velar siempre por el bienestar a largo plazo de México.

El Financiero

Sistema pensionario: Si no eres parte de la solución, eres parte del problema

Tal como escribí en mi anterior entrega, el asunto de las pensiones ha llegado para quedarse entre nosotros. Es un tema de finanzas públicas que, en México y el mundo, está siendo analizado con seriedad a fin de hallarle soluciones integrales.

Atribuyen a Lenin haber dicho: “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema. Actúa”. Afortunadamente, hay señales positivas en México de atención al problema y de acciones en puerta. La nueva administración federal está abierta a escuchar, además la Asociación Mexicana de Afores (Afores) ha relanzado la discusión y el análisis para afrontar este reto. Hay, pues, actores deseosos de ser parte de la necesaria solución.

Percibo un gran interés de diversas entidades y de la autoridad de no hipotecar el futuro del país y ofrecer una cobertura justa y generalizada para la población que espera, y merece, una pensión. Como sociedad, debemos encargarnos de un retiro digno para los miles de hombres y mujeres que dieron su mejor esfuerzo al país.

Como sabemos, la seguridad social es un reto que debe encararse de manera urgente y con la mayor prioridad. Es un fenómeno sobrediagnosticado con serias deficiencias en alcance, congruencia, justicia social, suficiencia y solvencia.

Además, ejerce desde ya una fuerte presión en el presupuesto federal: De 2000 a 2017 el gasto en pensiones y jubilaciones se incrementó de 1 a 3.5% del PIB actual, más lo que se viene con el paso del tiempo. No es sólo una responsabilidad de Estado, sino también un compromiso social — incluso moral— con las generaciones que actualmente están en la fuerza productiva y en algún momento dejarán de laborar.

Para darnos una idea del impacto del problema, estamos hablando del tercer rubro más importante del gasto público, después de educación y el pago de intereses de la deuda.

A fines de septiembre de este año, el IMEF dio a conocer un diagnóstico y una propuesta integral para atacar este desafío impostergable. Crear un Instituto Nacional de Pensiones, regido por un Sistema Nacional de Pensiones, introduciendo una pensión universal financiada con recursos públicos, son parte substancial de esta iniciativa.

Entre las diversas acciones sugeridas por el Instituto, dentro del apartado de impulso a la reforma integral en esta materia, proponemos flexibilizar el régimen de inversión de Afores, reducir las comisiones que cobran éstas, instaurar la portabilidad entre los sistemas imperantes en México, desarrollar planes personales con ventajas adicionales y hacer obligatorio un plan de pensiones en cada empresa que tenga ventajas fiscales.

Además, sugerimos la eliminación de los retiros anticipados en Afores, junto con el estricto cumplimiento del régimen de inversión de estos instrumentos, al tiempo de ampliar las modalidades de retiro impulsando el mercado de rentas vitalicias.

No menos importante será reformar los sistemas estatales de pensiones y de universidades públicas sin transición a cuentas individuales.

El IMEF reitera que al reformar el sistema pensionario, podremos dar el impulso que necesita el crecimiento sostenido de nuestro país. Y así evitar una crisis social de grandes dimensiones.

Lo importante es que el tema sigue en la mesa y varios actores y protagonistas lo estamos encarando. Hoy en día actuamos para ser parte de la solución y no del problema.

El Financiero

2018: Sortear escollos y dejar huella 14/09/2018

Instalados ya en el último tramo de 2018, se pueden revisar los obstáculos que han encarado la economía y finanzas del país en lo que va del año. Con alivio observamos que el aparato productivo mexicano sigue adelante, tras sortear momentos de incertidumbre.

A pesar del nerviosismo y sobresaltos de los primeros meses, una combinación de análisis, buenos reflejos, incluso suerte, ha permitido a México salir indemne de un periodo incierto. Falta mucho por hacer, pero es justo reconocer avances y fortalezas.

Arrancamos 2018 con el anuncio de una reforma fiscal agresiva en Estados Unidos. El presidente Donald Trump redujo la tasa del impuesto sobre la renta, lo que causó gran inquietud aquí porque nos haría perder competitividad. El IMEF analizó el posible impacto a las empresas de México esta medida. En el vecino país del norte existen impuestos por estado asociados a los federales; al sumarse ambos impuestos y ser comparados con la tasa efectiva del ISR en México, seguíamos estando a niveles competitivos.

El segundo riesgo era la renegociación del TLCAN, que afortunadamente no se canceló, como se temía, a pesar de las amenazas de Trump. El hecho es que ya tenemos un acuerdo bilateral y es posible que Canadá se sume al Tratado. El equipo negociador mexicano, que incluye a gente del gobierno entrante de Andrés Manuel López Obrador, ha hecho una gran labor para defender los intereses nacionales. Integraron un buen equipo y han trabajado de forma coordinada.

La sucesión presidencial fue el tercer gran escenario de incertidumbre. El 1º de julio vivimos un ejercicio cívico ejemplar en el país. Fue una elección histórica que cambia radicalmente la composición del gobierno federal y el poder legislativo, con la posibilidad de iniciar trascendentes cambios en lo político, social y económico, gracias a los 30 millones de votos que dan fuerza y legitimidad al candidato vencedor.

El 29 de mayo, el IMEF dio a conocer su Agenda Impulso para 2019-24. Es nuestra contribución a los planes de desarrollo para los próximos seis años. Para empezar, los 19 comités técnicos nacionales del instituto hicieron un análisis para identificar los motivos por los que la economía mexicana no crece más allá del 2% anual.

Entre los porqués de esta barrera, encontramos cinco inhibidores del desarrollo en nuestro aparato productivo. El primero es la falta de una reforma fiscal que, además de incentivar las inversiones, incorpore más contribuyentes a la base existente, pese a los avances observados este sexenio.

El segundo inhibidor es la falta de tecnología de vanguardia en los procesos de nuestras empresas. Si bien en Estados Unidos los periodos de expansión económica normalmente duraban cinco años, ahora van por el noveno año de crecimiento. La inversión en nuevas tecnologías es la respuesta a esta expansión.

La falta de una mano de obra calificada que nos haga pasar del Hecho en México al Creado/Diseñado/Programado en México es el tercer inhibidor. Hay que producir sí, pero con un valor agregado.

El cuarto gran inhibidor es el combate a la corrupción, problema que debe ser analizado desde dos ángulos. Desde el del servidor público, que se deja corromper, y desde el del ciudadano, empresario, que corrompe. Falta mucho por hacer para ponerle freno a estas prácticas que restan competitividad al país.

El último inhibidor es la falta de un Estado de derecho, que permita alojar a las inversiones en nuestro país, internacionales y locales. Darles certeza jurídica, una continuidad y capacidad de albergarse en un ambiente seguro, no solo en la parte legal sino también en la física. Es un hecho que los estados donde menor violencia hay, crecen más.

Desde el IMEF estamos convocando a caminar juntos en la erradicación de estos obstáculos. Nos hemos acercado ya a varias instancias gubernamentales y deseamos sumar a más actores de la vida nacional para pasar del análisis y la opinión a la acción en esta magna tarea.

Alguna vez leí en las redes sociales eso de que “por muy corto que sea el camino, quien pisa fuerte, deja huella”. Sea largo o corto el trayecto, es un hecho que, si pisamos fuerte entre todos, habremos dejado huella.

Si dejamos diferencias de lado, juntos haremos un cambio en la ruta al México que soñamos. Nunca es tarde para corregir el rumbo y luchar por un desarrollo integral y justo.

Fernando López Macari.

El Financiero

Claroscuros en el horizonte

Luces y sombras han sido una característica del panorama económico reciente en México y el mundo. No todo son buenas nuevas y abundan elementos de incertidumbre en la economía local y mundial, lo que complica los pronósticos. No importa cuando lean esto, porque es una situación que parece repetirse y hace más complejos los análisis.

En los últimos días vemos señales adversas, que nublan el horizonte, como el estallamiento de la crisis en Turquía (que fortalece al dólar en detrimento de otras monedas, como el peso), el proteccionismo de la administración Trump, que enfrenta guerra comercial contra China, en un final de pronóstico reservado, mientras Estados Unidos escala los frentes con nuevas tarifas arancelarias a las importaciones del país asiático.

La economía estadounidense ha mostrado indicadores sólidos (producción, mercado laboral) confirmando una acelerada expansión. No obstante, se siguen ampliando los desequilibrios, sobre todo en materia fiscal. Los mercados financieros serán presionados por la necesidad de mayores recursos frescos.

En México, la dinámica actual permite anticipar nuevos ajustes a la política monetaria del Banco de México, que podría incrementar en los próximos meses a fin de anclar la inflación. Esto debido a que la economía perdió impulso en el segundo trimestre del año, según datos del INEGI y el PIB registró una contracción real de 0.1% respecto del primer trimestre. En tanto, la inflación revirtió en junio y julio la tendencia descendente mostrada en el arranque de 2018. El Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 0.54% para alcanzar una tasa anual de 4.81%, en gran parte por el dinamismo de los precios de los energéticos.

Las buenas noticias que trajeron el resultado del proceso electoral del 1 de julio y la suave transición del gobierno de Enrique Peña Nieto al de Andrés Manuel López Obrador, cuyos equipos están haciendo una labor eficiente, han resultado en un sorprendente incremento en la confianza del consumidor, que tiene altas expectativas de crecimiento, creación de empleos y una menor inflación, si bien paradójicamente a nivel micro las personas ya no son tan optimistas.

Hemos estado atentos a anuncios y señales enviados por el equipo del presidente electo en las últimas semanas. Llama la atención que han puesto la vara muy alta en sus propuestas económicas. Tal es el caso de crecimiento esperado de 4%, inversión sin precedentes y captación de inversión extranjera directa entre otras.

Celebramos las expectativas del nuevo régimen, que goza de una alta tasa de aprobación popular, pero los retos que va a enfrentar son enormes. Habrá que observar cómo aterrizan y ejecutan sus planes y programas, esperando que se haga de una manera ordenada y sensata, con el fin de no causar sobresaltos en la marcha de la economía, sobre todo sin llegar a afectar las tesorerías y bolsillos de empresas y ciudadanos.

Por lo pronto, el reciente acuerdo preliminar de un tratado bilateral de comercio entre nuestro país y Estados Unidos, sin Canadá por ahora, ha contribuido a dar certidumbre y tranquilidad a los mercados.

Así las cosas, y entre claroscuros, los pronósticos del IMEF registraron algunos cambios, entre los que destacan menores tasas de crecimiento del PIB para este año (2.15%) aunado a una expectativa de una mayor inflación: 4.3% para 2018. Es importante mantener nuestra atención sobre el comportamiento de las variables macroeconómicas, ya que son ellas las que nos indicarán cuando nuestra economía muestre signos de debilitación o de vulnerabilidad ante los efectos geopolíticos externos. Por ahora, seguimos avanzando… ¡lentos, pero seguros!

Fernando López Macari.

El Financiero

Riesgos a la vista

No la tienen fácil quienes se encargan de hacer pronósticos económicos. Sin embargo, no por eso se va a abandonar la necesaria tarea de trazar posibles rumbos y escenarios de la economía.

En las últimas semanas, la incertidumbre se ha asomado en las proyecciones sobre el futuro a corto y mediano plazo en México y los principales países del mundo. El creciente escalamiento del proteccionismo estadounidense, más factores geopolíticos como el proceso del Brexit en la Gran Bretaña, la recuperación de los precios de los energéticos y el comportamiento de los bancos centrales de las economías avanzadas, que mantienen el sesgo de reducir condiciones monetarias acomodaticias, entre otras cosas, aumentan los riesgos de desaceleración para la economía mundial, según expertos del IMEF.

Si bien en México hay indicios de una recuperación de la actividad económica, esta será menor a lo previsto, a la par de que la inflación repuntó en junio, a niveles de 4.65%.

Las presiones sobre el tipo de cambio peso-dólar no van a cesar. Además, sigue la incertidumbre sobre la renegociación del TLCAN, con amagos de Donald Trump a Canadá y/o México, en un afán de hacer acuerdos bilaterales con cada país. Al tiempo en que el gobierno estadounidense no cesa en su agenda proteccionista.

Una vez pasadas las elecciones del 1 de julio en México, llegó la paz y la calma a los mercados, aunque no es posible todavía despejar las incógnitas sobre las ambiciosas propuestas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Para el FMI, la posibilidad de que las tensiones comerciales se incrementen es la mayor “amenaza al crecimiento global de corto plazo”. En sus Perspectivas Económicas Globales, el Fondo ha reducido su estimación de crecimiento para los países avanzados en 0.1 puntos porcentuales a 2.4%, aunque mantuvo su previsión para la economía mundial en 3.9% para el periodo 2018-19.

A pesar de todo lo anterior, nuestra economía sigue creciendo, aunque las cifras apuntan a una desaceleración de la actividad económica en el segundo trimestre del año, con el Indicador Global de Actividad Económica arriba de 4.5% anual, en tanto que la producción industrial se ha expandido casi 2% anual en lo que va del trimestre, versus la caída de 0.8% del trimestre previo. Se prevé una recuperación moderada en el corto plazo.

En cuanto a la inflación, la tasa anual puede retomar su convergencia con el objetivo de Banxico. La mediana de los pronósticos de la encuesta del IMEF la ubica en 4.15% para fines de este año y en cerca de 3.75% para finales de 2019. Por otra parte, al irse disipando la incertidumbre política, el pronóstico sobre el tipo de cambio apunta a una mediana de 19.38 para julio.

Como ya se anunció, Banxico mantendrá sin cambios la tasa de referencia, luego del alza de 25 puntos base en junio, para ubicarla en 7.75%. El banco central seguro estará atento a cualquier indicio de repunte inflacionario para actuar en consecuencia ajustando dicha tasa.

Un tema que genera mucha inquietud es el futuro del TLCAN.

Luego del impasse de los últimos meses en su renegociación, hace unos días el presidente Trump dijo que no firmará nada sino hasta después de las elecciones de noviembre en su país. Así, lo más seguro es que el proceso sea retomado por el equipo del gobierno de López Obrador. Menuda tarea aguarda a los nuevos negociadores pues encararán asuntos cruciales como la regla de contenido de origen para vehículos ligeros, la cláusula de terminación automática cada cinco años, la revisión del capítulo 19 de solución de controversias, tener un objetivo de reducción del déficit comercial bilateral entre Estados Unidos y México y la estacionalidad de los productos agropecuarios propuestas por ese país.

Por si no bastara con eso, Trump ha dicho hace poco que podría optar por un acuerdo bilateral entre su país y México. De este modo, el TLCAN seguiría con Canadá y las relaciones comerciales entre nuestros países se plegarían a las reglas de la Organización Mundial de Comercio.

En fin, hay incertidumbre en algunos planos. Los actores económicos y financieros del país estamos atentos al desarrollo de los hechos, noticias, declaraciones, análisis, etc… El IMEF continuará pendiente y seguirá trabajando en aportar soluciones y respuestas a los desafíos para avanzar en tener un desarrollo económico integral.

Fernando López Macari

El Financiero

Agenda de impulso 2019-24: Propuesta de desarrollo y estabilidad

El 29 mayo pasado el IMEF dio a conocer su Agenda de Impulso para 2019-24: documento propositivo que tiene como visión contribuir a avanzar más en el desarrollo integral de México. En su elaboración participaron diferentes comités y grupos regionales del instituto, y es una valiosa iniciativa que apunta a lograr el país que queremos.

Recibida con mucho interés por los medios y esferas gubernamentales, la Agenda consta de tres pilares estratégicos: crecimiento económico, estabilidad financiera y desarrollo social. Fue elaborada por expertos financieros y apunta a alcanzar crecimiento que genere riqueza, a fin de que ésta se distribuya entre la sociedad, en particular entre los menos favorecidos.

Los medios para lograr los tres pilares estratégicos se dividen en cuatro líneas habilitadoras: política económica; buen gobierno; responsabilidad social y empresarial, así como Estado de derecho. Cada una de ellas con sus respectivos objetivos específicos.

En el caso de la política económica, hay aportaciones puntuales en materia de estabilidad macro, reforma fiscal, política comercial y fomento a la inversión productiva. No nos cansaremos de insistir que México necesita un fuerte impulso para superar la tasa inercial de crecimiento del PIB de 2% y en plazos mayores y sostenidos.

Por principio de cuentas, es necesario mantener y asegurar una estabilidad macroeconómica, con una inflación bajo control en niveles de 3% anual, con un punto más o un punto menos. De igual modo, se debe fortalecer y preservar la autonomía del Banco de México, y no menos relevante es contar con un equilibrio en las finanzas públicas, con un superávit primario positivo. El gobierno debe comprometerse a mantener este superávit al ingresar más de lo que gaste, abonando así a la estabilidad macro, además de preservar la estabilidad del tipo de cambio.

Sobre este punto, debemos celebrar la exitosa libre flotación del tipo de cambio del peso ante el dólar, que ha permitido absorber choques externos y amortiguar su impacto en variables como la deuda y la inflación. Este esquema nos da la seguridad de que no haya intervencionismo, al permitir la libre flotación del valor de nuestra moneda. La propuesta del IMEF es mantener el régimen de libre flotación y, por otra parte, revisar los esquemas de operación de la Comisión de Cambios.

A la fecha, la Comisión está formada por funcionarios del Banco de México (tres) y la Secretaría de Hacienda (cuatro). La preside el titular de esa dependencia, quien tiene voto de calidad. Este esquema ha sido positivo para el país pues ha asegurado estabilidad económica e inflación controlada, además de, por otro lado, preservar el orden de las finanzas públicas.

En algún momento Hacienda podría tener la tentación de influir en el tipo de cambio pues cuenta con la facultad de hacerlo. A fin de evitar intromisiones en la libre flotación del tipo de cambio del peso, el IMEF propone considerar que se amplíe el mandato del banco central, a fin de que tenga la responsabilidad única de la política cambiaria. Este es un asunto crucial que debe ser analizado y discutido, con la intención de que el banco tenga un papel protagónico en las decisiones que impactan el desarrollo del país.

En cuanto a estabilidad macroeconómica no olvidemos el control de la inflación, así como la necesidad de promover el acceso al crédito. Es uno de los tantos desafíos del nuevo gobierno, que tendrá que adoptar políticas que mejoren la regulación del acceso al financiamiento y promuevan acciones de inclusión.

El financiamiento es motor de desarrollo y consumo en las economías. Según algunas fuentes, 38% de los nuevos emprendimientos en México enfrentan problemas de financiamiento, lo que lleva a muchas a cerrar.

Con crédito, los negocios pueden potenciar su crecimiento, expandir sus operaciones y diversificar el riesgo al inversionista. De este modo, se genera además un efecto positivo en las empresas, que se obligan a adoptar prácticas administrativas más transparentes, con gobierno corporativo. Además de compartir el riesgo y captar recursos, la disciplina operativa da madurez a los negocios.

El IMEF continuará impulsado su agenda de propuestas para acelerar el desarrollo del país. Lejos de sesgos partidistas, el Instituto pugna por prácticas responsables y técnicamente sustentadas para el crecimiento integral de México.

Fernando López Macari.

El Financiero

Perspectivas económicas ante el nuevo sexenio

El 1 de diciembre México inaugura un nuevo gobierno. Se trata de un cambio trascendental para la vida del país, tras la competida e inédita elección del primer domingo de julio. Como es sabido, la coalición ‘Juntos Haremos Historia’, encabezada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), se llevó la Presidencia de la República, la mayoría del Senado y de la Cámara de Diputados.

Dicho escenario genera muchas interrogantes de la población, así como de diversos actores sociales, políticos y económicos, entre ellos nuestros socios comerciales, sobre el futuro del país y en especial, de la economía nacional en el sexenio 2018-2024. Si bien aún es muy pronto para tener respuestas, vale la pena una lectura analítica de lo que es hoy nuestro entorno nacional y globalizado.

Para empezar, en el plano internacional las perspectivas de crecimiento del Fondo Monetario Internacional son razonablemente optimistas para este año, estimando poco más de 2 por ciento en los países avanzados, hasta 5 por ciento promedio para las economías emergentes.

En el plano nacional, no son pocos los desafíos que enfrentamos. Con base en datos de la Secretaría de Hacienda, los ingresos tributarios —como porcentaje del PIB— pasaron de 8.3 por ciento en 2012 a 13.2 por ciento en 2017 y se espera que sigan creciendo; esto, mientras los ingresos petroleros pierden cada vez más relevancia: de ser 39.4 por ciento de los ingresos presupuestarios en 2012, se redujeron a 17.1 por ciento en 2017.

Por otra parte, no deben pasar desapercibidos los factores que impactan al gasto público. Destaca el rubro de pensiones y jubilaciones, que en 2012 registraba niveles de 2.5 por ciento y en 2017 llegó a 3.2 por ciento. Es sabido que al ir envejeciendo la población, las finanzas públicas se ven fuertemente presionadas por estos compromisos, por lo que éste será un rubro de gran relevancia para la siguiente administración.

Bajo este contexto, el IMEF dio a conocer los resultados de su Encuesta de Perspectivas Económicas de julio, destacándose el crecimiento de 2.3 por ciento para 2018, con una inflación anual de 4.20 por ciento y un tipo de cambio de 19.50 pesos por dólar, mientras que ubica al déficit de cuenta corriente en 2 por ciento del PIB.

Especial atención merecen los riesgos latentes para nuestro aparato productivo y sistema financiero. Habremos de estar pendientes de una serie de factores internos y externos que incidirán en nuestra economía: la normalización de la política monetaria en las economías avanzadas, la falta de contrapesos en el Poder Legislativo, el financiamiento de las políticas sociales del nuevo gobierno a partir del 1 de diciembre, así como las acciones proteccionistas de la administración de Donald Trump, sin olvidarnos del proceso de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Un importante legado del gobierno de Enrique Peña Nieto, son las llamadas reformas estructurales, cambios ambiciosos que han dado nueva cara al país y que al menos tres de ellas deberán ser evaluadas por el gobierno entrante a efecto de marcar su futuro. La primera es la de telecomunicaciones, sector clave para el desarrollo económico y social, que de acuerdo con datos oficiales, permitió una reducción de 42.6 por ciento en las tarifas de telefonía móvil, con el consiguiente beneficio para empresas y personas. Otra reforma clave fue la energética. Algunos números proporcionados por la Secretaría de Hacienda, y que son pertinentes para comprender su trascendencia, son: hay registrados 181 mil millones de dólares de inversión esperada, de los cuales 156 mil millones provienen de contratos de las rondas, así como asociaciones y migraciones de Pemex.

Finalmente, la reforma fiscal de 2014 que, si bien no alcanzaría el calificativo de reforma estructural, ha dado altos ingresos a la Federación e incrementó el padrón de contribuyentes. En 2012 eran 38 millones y en 2017 se contabilizaron 64.7 millones.

Sin duda alguna hay avances innegables y tenemos a la vuelta de la esquina grandes retos. El país tiene la posibilidad de seguir la ruta de las transformaciones para lo cual requiere el esfuerzo y el talento de su gente e instituciones. Las transformaciones, debidamente orientadas, se traducirían en beneficio para la sociedad.

Es hora de sumar esfuerzos, iniciativa privada, servidores públicos, academia y demás instituciones debemos trabajar conjuntamente para construir el país que queremos y merecemos. El IMEF se suma a esta tarea y reitera a todos los actores políticos que han sido electos su total compromiso por México.

Fernando López Macari.

El Financiero

 

Los tiempos del TLCAN

Por Fernando Lopez Macari

Uno de los temas dominantes en la relación México-Estados Unidos es la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), donde también participa Canadá.

¿Qué le depara el futuro a esta renegociación? No es fácil adivinarlo pues la redefinición del documento ha sorteado una ruta de altibajos. Como van las cosas, es posible que tengamos una nueva versión hasta 2019. Los intereses y tiempos políticos de los estadounidenses, así como los de nuestro país, dificultan la posibilidad de un arreglo en el corto plazo.

Hace poco, el gobierno de Donald Trump incumplió un plazo informal fijado por Paul Ryan, líder de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, para enviar al Congreso un nuevo Tratado a fin de ser votado este 2018, año de elecciones intermedias en la Unión Americana. Para Trump, México es causante de muchas de las supuestas desgracias de su país, al que pretende hacer “de nuevo más grande”. Uno de sus villanos es precisamente el TLCAN, al que considera uno de los “peores acuerdos” comerciales firmados por Washington.

Todo indica que los tiempos de implementación de una versión 2.0 del TLCAN nos llevarían hasta enero de 2019, si consideramos 30 días para la aprobación, más 90 días para su revisión por el Congreso estadounidense, a lo que habría que añadir los tiempos legislativos y legales de nuestro país.

Aunado a ello, tenemos la contienda electoral por la presidencia de la República. Como hemos visto, en las campañas políticas de nuestros candidatos se dirimen visiones de país divergentes. Por tal razón, hay gran expectativa por saber qué pasará con el Tratado una vez que se instale el nuevo gobierno a partir del 1 de diciembre próximo. La volatilidad del peso es otra de las consecuencias de este ambiente de incertidumbre.

En el IMEF pensamos que no sería extraño que Estados Unidos, Canadá y México llegaran a un pre-acuerdo y que se estuvieran dando las formalidades a lo largo de los próximos meses, a fin de mandar una señal positiva para nuestro país y los vecinos del norte, lo cual disminuiría la incertidumbre.

Cabe hacer notar que existen dudas entre los inversionistas sobre los cambios que podría haber no sólo en política económica, sino también en materia social y monetaria. Los capitales necesitan conocer estas variables para incorporarlas en sus modelos de negocios y decidir si expanden sus inversiones, si las mantienen o las retiran.

Por lo pronto, las inversiones se han postergado. Las grandes empresas están corriendo modelos financieros para evaluar distintos escenarios. Estos modelos ya están muy pulidos y tienen un plan para cualquier situación.

Por todo ello, hay que tener mucho cuidado para evitar un acuerdo apresurado. Debe garantizarse el beneficio a largo plazo para los tres países participantes. Lo más importante es, sin apresurarse, privilegiar más la calidad del acuerdo que los tiempos para concluirlo.

En tanto no haya un nuevo Tratado, el actual sigue vigente, lo cual sin lugar a dudas es benéfico para nuestro país. Cabe recordar que el TLCAN ha sido desde hace más de dos décadas, el motor de exportaciones e importaciones de nuestra economía. Tan sólo en 2017, el intercambio bilateral sumó 557 mil millones de dólares, lo cual representa el mayor saldo favorable en 25 años. En el primer trimestre de 2018 nuestro superávit llegó a 8 mil 053 millones de dólares, otro récord nacional.

Bajo este contexto, en el IMEF consideramos que el proceso de la renegociación del TLCAN evidencia no sólo la permanente y fuerte correlación de la economía mexicana con la estadounidense, también la imperiosa necesidad de diversificar nuestros mercados, porque hoy en día, mientras Estados Unidos siga viviendo ciclos de expansión económica como el actual (que lleva ocho años, cuando antes no pasaba de cinco años), México crecerá de manera inercial, pero ¿qué pasaría si dejamos de estar bajo el amparo del TLCAN? Sin duda alguna, un tema para reflexionar y actuar.

El FInanciero

¿Qué impide que México crezca más?

Por Fernando Lopez Macari

Durante los últimos cinco años, nuestro país ha presentado un crecimiento económico inercial, no mayor al 3% anual. En 2017, el PIB registró 2% y de acuerdo a las estimaciones del IMEF, este año podría crecer entre 2.2 y 2.5%. Lejos de celebrarlo, consideramos que tenemos potencial para una mayor expansión, capitalizando la riqueza de recursos naturales, el bono demográfico, talento de la fuerza laboral, tratados comerciales, ubicación geográfica, reformas estructurales y una perfectible, pero aceptable infraestructura, entre otras fortalezas.

Si bien crecemos dentro del promedio de los países de la OCDE, aún no alcanzamos el nivel de desarrollo de algunas de esas naciones. Queda mucho por avanzar, pero es posible lograrlo como lo prueban estados (Guanajuato, Querétaro, Yucatán, entre otros) que crecen a niveles superiores a la media nacional.

¿Qué nos impide avanzar con mayor velocidad, de manera homogénea? En la opinión del IMEF, México padece de cinco grandes inhibidores de su desarrollo. Uno de ellos es la necesidad de una reforma fiscal integral. Es sabida la urgencia de cambios que incentiven más inversiones domésticas y foráneas y, de manera importante, que distribuyan la carga tributaria entre más personas, pues a pocos les toca el mayor peso del gasto.

Esto podría lograrse con una medida impopular, pero necesaria: gravar el consumo de alimentos y medicinas, lo cual permite de paso combatir la informalidad. Todos debemos pagar para tener mejor infraestructura y servicios públicos, según nuestras capacidades.

Otra área de oportunidad es la educación. Aunque se ha avanzado con la reforma del sector, sobre todo a nivel primario, falta mejorar en capacitación para satisfacer las demandas del mercado laboral. En un mundo globalizado, uno de los principales factores para asignar inversiones millonarias es la presencia de mano de obra calificada y preparada. Las empresas buscan personal suficiente y competente para poder operar y competir en la esfera mundial. Algo indispensable es crear las condiciones de seguridad para poder desarrollar y retener a nuestros colaboradores cerca de donde se les requiera. Si la mano de obra se va, el capital le seguirá.

El retraso en incorporar tecnologías de vanguardia en las empresas es otro factor que inhibe un mayor crecimiento. Esto se manifiesta en renglones como programación, software, manejo de información y datos, investigación y desarrollo, junto con equipo y maquinaria de alto nivel de tecnificación. Es increíble que existan aún empresas o dependencias del gobierno con prácticas manuales en plena modernidad tecnológica. Conceptos como eficiencia, calidad total, servicio a cliente brillan por su ausencia en un país al que urge una revolución industrial-tecnológica 2.0. Si bien hay un México moderno, hay otro muy atrasado.

La corrupción es un problema denunciado con gran frecuencia, pero que no se ataca con la suficiente voluntad, y tiene implicaciones económicas, políticas y sociales. Más que cultural es un asunto sistémico que tiene harta a la sociedad. Los ciudadanos exigen y demandan a la clase gobernante un combate efectivo a estas prácticas, por ejemplo, transparentando procesos, así como con la creación y puesta en marcha de organismos autónomos de verificación y control. Para que haya corrupción se necesita a dos partes: el que da y el que recibe.

Uno con poder y otro con dinero. Requerimos un acuerdo efectivo entre empresas y gobierno a fin de implementar prácticas para desalentar, prevenir, detectar y poner un castigo a este problema tanto en el ámbito gubernamental como en el empresarial.

Nuestro incipiente Estado de derecho es otro limitante del desarrollo. Falta impulso para tener condiciones de seguridad necesarias para recibir más inversiones, sobre todo en ciertas zonas. El Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad de personas y empresas. La clase gobernante, incluyendo al poder judicial, tienen una deuda pendiente con los mexicanos en este renglón desde hace años. Tenemos derecho a vivir y trabajar en paz. Es inconcebible que haya juicios que duren hasta 15 años, que se encarcele a inocentes, que el grado de impunidad en delitos alcance niveles alarmantes. No debe sorprendernos que los capitales se inviertan en naciones donde se apliquen las leyes y se imparta imparcial justicia.

Dicen que admitir un problema es un 50% de la solución. Pero no basta con reconocer la presencia de estos factores limitantes. Es momento de ir por el otro 50% de manera definitiva. Vayamos más allá, en una responsabilidad compartida entre ciudadanos y gobernantes, a quienes elegimos y debemos exigir que hagan su trabajo. Sin dejar de valorar lo mucho que tiene México hoy, ataquemos estos rezagos. Sin dejar de trabajar, seamos críticos y actuemos.

El Financiero